La Coctelera

Categoría: Reflexiones

3 Mayo 2008

Los Bonobos

3 may 08 Autor: lunalunera En: Reflexiones


"Hasta hace relativamente poco tiempo se desconocían muchos aspectos de sus costumbres y peculiar comportamiento. Parece ser que son menos agresivos que los chimpancés. Son también más ágiles y pueden recorrer distancias más o menos largas de forma erguida, tal y como lo hacemos los humanos. Viven formando grupos familiares de hasta 30 individuos, dominados por las hembras. Pero, sobre todo, se caracterizan por tener una enorme y variada actividad sexual. Son mucho más promiscuos que otras especies; utilizan una gran cantidad de posuras distintas a la hora de mantener relaciones sexuales y éstas pueden ser tanto heterosexuales como homosexuales. Estudios recientes sobre su comportamiento indican que utilizan el sexo para reducir la tensión en el grupo, potenciar sus relaciones sociales y establecer vínculos con animales ajenos a su familia."

UN GORILA CON PAPERAS
(HISTORIAS DE UN VETERINARIO ENTRE MONOS)
Manuel López


..... y todavía hay gente que dice que la homosexualidad es antinatural; que dice que el sexo por placer no lo hace ninguna especie más; que dice que ciertas costumbres y posturas sexuales son una depravación... Ahí tienen la prueba.

8 Febrero 2008

¿Por qué lo habitual en Finlandia es que un adolescente normalito termine Secundaria con notas excelentes, hablando un perfecto inglés y leyendo un libro a la semana, y aquí muy pocos consiguan algo remotamente parecido? Hemos viajado al país mejor clasificado por el informe Pisa para averiguarlo.


Les presento a Saili Sipilä. Tiene 15 años. Vive con sus padres y sus dos hermanos en Espoo, una ciudad de 360.000 habitantes a las afueras de Helsinki. He volado 4.000 kilómetros para conocerlo. ¿Por qué? Por dos razones: porque soy periodista y porque tengo un hijo de la misma edad. Como periodista, quiero saber por qué Saili, un adolescente normalito de Finlandia terminará la Secundaria con excelentes notas, hablando inglés a la perfección y leyendo un libro por semana. Lo típico para un finlandés. Como padre, quiero saber si es inevitable que mi hijo, Manuel, un adolescente normalito, acabe sus estudios obligatorios aprobando por los pelos, chapurreando cuatro palabras en inglés y sin el menor interés por la lectura. Lo típico para un español. ¿Hubiera sido diferente si hubiera nacido en Finlandia? ¿Qué comparaciones entre la educación finlandesa y la española puedo hacer como periodista? ¿Qué lecciones puedo aprender como padre?

Repaso en el avión los resultados calentitos del último informe Pisa, un examen trianual que mide las capacidades de los alumnos de 15 años de 57 países en ciencias, matemáticas y lectura. Participaron 375.000 estudiantes. En España, casi 20.000 alumnos de Secundaria de 686 coles e institutos. Veamos las notas. Ciencias: Finlandia, 1ª, 563 puntos. España, 31ª, 488 puntos. Si el aprobado lo marca la media de los países de la OCDE (491 puntos), ya tenemos el primer suspenso. Matemáticas: Finlandia, 2ª, 548 puntos, a sólo uno de China Taipei. España, 31ª, 480, a cuatro de la media de los países desarrollados. Segundo insuficiente. Lectura: Finlandia, 2ª (547), por detrás de Corea del Sur. España, 35ª (461), protagoniza además el peor descenso en comprensión lectora de los países de la OCDE (485) desde el último informe. Nuestros hijos no entienden lo que leen. A la cuarta línea de cualquier texto se pierden. Muy deficiente.

Tres cates en las tres asignaturas básicas. ¿Qué hacemos? ¿Castigamos de cara a la pared a los alumnos, a los padres, a los profesores, a las autoridades, a todos? Alemania cosechó unas calabazas semejantes hace tres años y la conmoción fue tan mayúscula que los políticos se pusieron las pilas y este año sus estudiantes han aprobado con nota. Aquí, el Gobierno culpa a Franco (la precaria educación de los padres dificulta la de los hijos). Además, la fiesta va por barrios, léase por comunidades autónomas. Los riojanos pueden sacar pecho: están en el grupito de cabeza. Los andaluces deberían ir pensando en las recuperaciones: en mates les gana hasta Azerbaiyán.

Taxi hasta Espoo. Son las siete de la mañana y todavía no ha amanecido. Ni lo hará. No veré el sol durante mi estancia en Finlandia. Cielos cubiertos y noche cerrada a las tres de la tarde. En esta época del año es un país en penumbra y con sus 5,3 millones de habitantes obsesionados en encender cirios, velas y lamparitas. Limosnas de luz. Llego a casa de los Sipilä a tiempo para ser invitado al desayuno familiar. No es lo habitual, porque cada uno suele tomar un bocado por su cuenta, pero ayer (6 de diciembre) fue el Día de la Independencia y la ocasión lo merece. Me sorprende que Saili no tenga puente, pues el festivo cae en jueves. Mi hijo enlazó cuatro días de vacaciones gracias al viaducto de la Constitución. En Finlandia, si una escuela hace puente (los centros tienen autonomía para toman estas decisiones), antes obliga a sus alumnos a salir algo más tarde cada día hasta completar las clases que se hubieran perdido.

Me descalzo, dejo los zapatos en el recibidor y converso con los Sipilä en calcetines mientras damos cuenta del café, los panecillos, el zumo de bayas y el queso lapón con mermelada. Seppo, el padre, es teólogo y se gana la vida traduciendo la Biblia. Domina una docena de idiomas, entre ellos arameo, copto y árabe clásico. Leena, la madre, es enfermera y trabaja en un hospital. Mikael, el hermano mayor, tiene 18 años y quiere estudiar Arte Dramático en la universidad, pero reconoce que las posibilidades de pasar el corte a la primera son escasas. Joel, el menor, de 12 años, es discapacitado psíquico y acude a un colegio de educación especial. La vivienda familiar es un dúplex de clase media en el centro urbano de Espoo. Lo de ‘urbano’ hay que matizarlo. Un bosque de abetos limita con la casa. «Nos mudamos aquí hace año y medio. El aire es muy puro». Espoo es la segunda ciudad de Finlandia en habitantes y la de mayor porcentaje de población universitaria en un país donde el 34 por ciento de los adultos tiene estudios superiores. «No hay apenas delincuencia. Nuestros hijos pueden pasear de noche con tranquilidad», explica el padre. Y Saili apostilla en un inglés prístino: «Finlandia es segura. Ni sunamis, ni terremotos… Me gusta vivir aquí». Yo les explico que me crié en la calle. Y eso es algo que se ha perdido en España, por los menos en las grandes ciudades. Que los niños puedan jugar al aire libre sin vigilancia.

Las ocho menos cuarto. Hora de ponerse los zapatos y salir camino de las respectivas ocupaciones. Saili coge el bus urbano (no hay autobuses escolares). El billete lo subvenciona el municipio. Por ley, ningún alumno puede vivir a más de cinco kilómetros de la escuela. Podría ir caminando, un paseo de veinte minutos, pero llovizna aguanieve y no le apetece. Saili tiene moto y bicicleta, como la mayoría de sus compis, pero sólo unos pocos desafían al frío en esta época. En el exterior, las instalaciones de la escuela Saarnilaakson dan una impresión espartana, excepto por el césped de los campos de deporte que la circundan. En la entrada no se ve a decenas de estudiantes apurando el primer pitillo de la mañana, como en los institutos españoles. Ni una colilla ni una hoja ni una pintada. «Aquí no se ensucia ni la nieve», me dice el fotógrafo.

En el interior, la limpieza resalta aún más. No hay garabatos en los pupitres ni en los aseos. Todo parece recién estrenado. Saarnilaakson es una escuela pública, como el 97 por ciento de los centros finlandeses, a diferencia de España, donde el 35 por ciento son privados. Por supuesto, es gratuita. Pero el equipamiento es el de un colegio caro en nuestro país. Las aulas disponen de un televisor con pantalla gigante de plasma, acuario de 200 litros con pececitos de colores, cocina con fregadero, medios audiovisuales, aire acondicionado, muchas plantas. Hay un ordenador por cada dos alumnos. Una docena de máquinas de coser en la clase de costura, aparatos de soldar, herramientas de carpintería, esquíes… Un gimnasio cubierto, un auditorio para las clases de teatro y un comedor con autoservicio. Todo en perfecto estado de revista. Los libros de texto son gratis (¡cómo duelen los 200 euros que tengo que desembolsar cada septiembre!), el material escolar es gratis, la comida es gratis. No parece demasiado apetitosa y los estudiantes reniegan, pero la comen. Al Ayuntamiento le cuesta 65 céntimos cada menú: un plato caliente, leche y fruta.
Tanta generosidad me pone los dientes largos. Y cuando Kari Kajalainen, profesor de matemáticas, me explica que si un niño quiere estudiar, puede llegar a ser médico o juez o ingeniero, lo que se proponga, si se esfuerza, aunque su familia sea pobre, pongo cara de incredulidad. «La educación de cada finlandés le cuesta 200.000 euros al Estado, desde que entra en la guardería hasta que sale de la universidad con su título. Es el dinero mejor empleado de nuestros impuestos. La presidenta del país, Tarja Halonen, se licenció en Derecho y proviene de una humilde familia de clase obrera. «Cuando regaño a mis alumnos, les digo que están malgastando el dinero de los contribuyentes». Y otra profesora, Päivi Ketola, me cuenta que los universitarios sólo han de pagar los libros y la comida (2.50 euros en la cafetería de la facultad). El Estado los ayuda a emanciparse con subvenciones para alquilar una vivienda y una paga. Todo el sistema está montado para que los finlandeses se acostumbren a ser autónomos desde bien pequeñitos y se vayan a vivir por su cuenta a los 18 años.

Pero volvamos con Saili, que ha sonado el timbre (las notas de una balada al piano de Erik Satie) y entra en clase. Cursa 9º grado, el equivalente de 4º de la ESO en España. En la escuela de Saarnilaakson hay 400 alumnos y 40 profesores, médico, asistente social, psicólogo y hasta dentista. Y la ratio es de menos de veinte estudiantes por aula (en Finlandia, por ley, no puede haber más de 24). En la clase de mi hijo hay 34. Los compañeros de Saili son formalitos, por lo menos a primera vista. Y es que en el ideario del colegio, además de en la civilización europea y el multiculturalismo (hay clases de historia del islam o del catolicismo, aunque la población es mayoritariamente luterana), se hace un hincapié obsesivo en los buenos modales. Me asombra el respeto reverencial que le tienen a los profesores. «Sí, nos sentimos respetados y valorados por la sociedad. Ser maestro es una profesión de prestigio a la que solo aspiran los mejores. Y no basta con ser muy bueno en tu materia. Debes destacar también a la hora de saber transmitir tus conocimientos. Pero el respeto de los alumnos te lo ganas día a día. En 20 segundos lo puedes perder», explica Mati Karkkainen, docente de ciencias, en la sala de profesores, muy acogedora: un piano, una bandeja con bombones, cafeteras humeantes. Los maestros tienen un buen sueldo en comparación con los españoles, aunque algunos se quejan. Rocío no, desde luego. Esta madrileña imparte clases de español. «Cobro 1.800 euros por 15 horas semanales. El sistema no incentiva que trabajes más. Prefieren repartir el trabajo para que no haya paro. ¿Cómo? Aumentando mucho los impuestos a los que ganan más. A mí sólo me retienen el 10 por ciento. Pero a un médico que gane 5.000 euros le retienen la mitad. Además, tienes derecho a paro toda la vida. Tendría que pensármelo mucho para volver a España».

Ojo, a los niños finlandeses no les gusta el cole. Saili, que saca sobresalientes sin despeinarse, lo considera «demasiado fácil». Sus compañeros, menos brillantes, reconocen que hay que trabajar demasiado. Y Päivi Junkkari, profesora de inglés, recuerda su adolescencia como una etapa ingrata, de mucho sacrificio. «Los alumnos no vienen al colegio a pasárselo bomba. Es un trabajo. Pero saben que todos tienen las mismas oportunidades. Da igual a la escuela que vayan, en el centro de Helsinki o en un pueblo del Ártico. Todas tienen el mismo nivel». Kari Kajainen asiente. «Nos centramos en que la mayoría de los alumnos sean muy competentes. Que el nivel medio sea alto. No es una educación elitista. Preferimos que todos saquen aprobados y notables; que haya alumnos de matrícula no es una prioridad. Y, sobre todo, cuando vemos que alguno tiene problemas, le asignamos enseguida un profesor de apoyo. Tiene clases extra. Estamos muy pendientes y no dejamos que se retrase.»

Los deberes son sagrados. Y está muy mal visto que alguien copie, incluso por los mismos alumnos. Que alguien saque una chuleta es impensable. «En nuestra cultura son muy importantes dos valores: la honradez y el trabajo», comenta Päivi Junkkari. No es casualidad que Finlandia también encabece las estadísticas de transparencia y menos corrupción pública. Kari Kajainen apunta otra peculiaridad nórdica. No hay repetidores. Le digo que en España el 43 por ciento de los alumnos de Secundaria ha repetido curso alguna vez. Y que mi hijo, que siempre se salva al final, tiene incontables oportunidades para aprobar cada asignatura y, aun así, suelen quedarle un par para septiembre. Kajainen pone cara de asombro. «Aquí sólo tienes una oportunidad para aprobar un examen por la misma razón que la vida sólo se vive una vez. Y hay que aprovecharla. Si no apruebas, te quedas una hora más en clase hasta que demuestres que te lo sabes y si no, estudias en verano, pero la promoción es automática».

¿Dónde aprietan más las tuercas? «Sin duda, en la enseñanza de la lengua materna. Somos los primeros del mundo en ciencias y los segundos en matemáticas, pero el mayor reto de enseñar matemáticas es conseguir que los alumnos comprendan lo que leen, el enunciado de los problemas. Por eso lo fundamental es que lean. Y también es muy importante la enseñanza de lenguas extranjeras. El finés es una lengua minoritaria. Los alumnos también estudian sueco e inglés obligatoriamente. Y alemán, francés o italiano como optativas. Pero tienen una gran ventaja. Las películas y series de televisión extranjeras no están dobladas. Todas se pasan con subtítulos. Los niños se acostumbran desde pequeños a escuchar otros idiomas y, además, adquieren destreza lectora. Hay que leer rápido los subtítulos para no perder el hilo del programa», apunta Tuija Yrjö-Koskinen, profesora de inglés. Envidio la fluidez con la que todos hablan el idioma de Shakespeare en la clase de Sailu. E incluso chapurrean algunas palabras de español porque Los Serrano es la serie de moda.

La jornada de Saili es intensiva, de 8 de la mañana a 3 de la tarde. Pero las clases son muy breves: 45 minutos mal contados. Hay un recreo obligatorio al aire libre (los adolescentes se apretujan en la entrada porque en el patio hace frío) y una pausa de media hora para comer. Todo el horario está salpicado de breves descansos que hacen llevadero el día. Terminan frescos. No se los abruma con una montaña de materias. Las carteras son livianas. Se estimula el razonamiento crítico antes que la memorización. Hay clases distendidas, como baile de salón, teatro, arte digital, peluquería, artes marciales, hockey sobre hielo, esquí de travesía, ¡cocina! (Saili y su hermano Mikael aprendieron a cocinar en el colegio y preparan la cena en casa cuando les toca). También primeros auxilios, carpintería, soldadura o música. Los alumnos tocan el violín, la guitarra eléctrica u otros instrumentos, según sus preferencias. Y, sobre todo, se estimula el pensamiento crítico. Se invita a discutir. El sistema español margina el debate y la expresión oral. El alumno toma apuntes pasivamente, bosteza.

Saili vuelve a casa, juega un rato al hockey y hace los deberes. «Tardo de una a dos horas. Luego cuido de mi hermano Joel o cocino si no hay nadie más en casa. A las siete hemos cenado. Me conecto un rato al Messenger si mi padre no está trabajando en el ordenador. O juego a videojuegos de rol y de estrategia. Luego, me acuesto y me quedo leyendo hasta las once. Mis libros preferidos son las novelas de Julio Verne y todos los de Harry Potter. El último lo voy a leer en inglés».

Finlandia presume del mayor índice de lectura de libros y prensa de Europa. Tres veces por semana la familia toma la sauna en casa. «Lo hacemos juntos. Es el lugar donde se comentan las preocupaciones y los proyectos, donde se planean las vacaciones. Siempre buscando el sol. Hemos ido a Madeira, París y Túnez», explica Leena, su madre. Saili todavía no tiene claro qué quiere ser de mayor. «Químico, veterinario o diseñador de videojuegos.» Le pregunto si es feliz. Y me responde sin pestañear que sí.

Carlos Manuel Sánchez
Artículo en la revistaXLSemanal

17 Noviembre 2007

Ahora parece que la cosa va de cuentos XD ;)

Un libro precioso, recomendado 100%, cuentos infantiles con un punto de ver la vida... diferente, y maravilloso, deja volar la imaginación...

CAPÍTULO VII:

El quinto día, siempre gracias al cordero, me fue revelado este secreto de la vida del principito. Me preguntó bruscamente, sin preámbulo, como resultado de un problema meditado largo tiempo en silencio:

- ¿Un cordero, si come arbustos, come también flores?

- Un cordero come todo lo que se encuentra.

- ¿Hasta las flores que tienen espinas?

- Sí, hasta las flores que tienen espinas.

- Entonces las espinas, ¿para qué sirven?

Yo no lo sabía. Estaba ensimismado intentando desenroscar el bulón demasiado ajustado en mi motor. Estaba muy preocupado porque mi avería empezaba a parecerme muy grave, y el agua potable que se agotaba me hacía temer lo peor.

- Las espinas, ¿para qué sirven?

El Principito no renunciaba nunca a una pregunta, una vez que la había formulado. Yo estaba irritado por mi bulón y respondí cualquier cosa:

- Las espinas no sirven para nada, es pura maldad de las flores!

- Oh!

Pero después de un silencio me largó, con cierto rencor:

- No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se previenen como pueden. Se creen terribles con sus espinas...

No respondí nada. En ese momento me decía: "Si este bulón sigue resistiendo, lo haré saltar de un martillazo." El principito perturbó de nuevo mis reflexiones:

- Y tú crees que las flores...

- Pero no! Pero no! No creo nada! Respondí cualquier cosa. Yo me ocupo de cosas serias!

Me miró estupefacto.

- De cosas serias!

Me veía, con el martillo en la mano y los dedos negros de grasa, inclinado sobre un objeto que le parecía muy feo.

- Hablas como los adultos!

Eso me dio un poco de vergüenza. Pero, implacable, agregó:

- Confundes todo... mezclas todo!

Estaba realmente muy intrigado. Agitaba al viento la cabellera dorada:

- Conozco un planeta donde hay un Señor rubicundo. Nunca olió una flor. Nunca miró una estrella. Nunca amó a nadie. Nunca hizo nada más que cuentas. Y todo el día repite como tú: "Soy un hombre serio! Soy un hombre serio!" Y eso lo infla de orgullo. Pero no es un hombre, es un hongo!

- Un qué?

- Un hongo!

El principito se había puesto todo pálido de rabia.

- Hace millones de años que las flores producen espinas. Hace millones de años que los corderos a pesar de todo se comen las flores. Y no es importante intentar entender por qué ellas se esfuerzan tanto en hacerse espinas que no sirven nunca para nada? No es importante la guerra de los corderos y las flores? No es más serio y más importante que las cuentas de un voluminoso Señor colorado? Y si yo conozco una flor única en el mundo que no existe en ninguna parte salvo en mi planeta, a la que un corderito puede aniquilar de un golpe, así no más, una mañana, sin darse cuenta de lo que hace, eso no es importante?!

Enrojeció, luego prosiguió:

- Si alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar en los millones y millones de estrellas, eso basta para que se sienta feliz cuando las mira. Se dice: "Mi flor está allá en algún lado..." Pero si el cordero se come la flor, es para él como si, de golpe, todas las estrellas se apagaran! Y eso no es importante?!

No pudo decir nada más. Estalló bruscamente en sollozos. Había caído la noche. Yo había soltado mis herramientas. Bien me burlaba de mi martillo, de mi bulón, de la sed y de la muerte. Había en una estrella, un planeta, el mío, la Tierra, un principito para consolar! Lo tomé entre mis brazos y lo mecí. Le decía: "La flor que amas no está en peligro... Dibujaré un bozal para tu cordero... Te dibujaré una coraza para tu flor... Te..." No sabía bien qué decir. Me sentía muy torpe. No sabía cómo alcanzarlo, dónde encontrarlo... Es tan misterioso el país de las lágrimas...


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Y ya que va de cuentos, aquí os dejo una "nana para adultos", una canción preciosa que escuché vagando por Youtube: "Muñequita Rota", de La Media Luna...

Esta es la historia de una muñequita rota que cayó en el agua,
era tan pequeña, nadie sabe muy bien cómo pero se ahogó.
Cómo era de tela se hundió enseguida
ahora me sonríe desde el fondo del mar.

Rota al caer en agua
esa muñeca que trataba sólo de flotar,
ya no recuerda que el soldado la quiso salvar.
Ella no supo agarrarse a ninguna parte
y ahí… rota se quedó…

Hace mucho tiempo un soldadito de plomo le pidió la mano
y ella tan bonita sin dudarlo, ni un momento, se la concedió.
Se puso un vestido de lino blanco
y él muy arreglado se la llevó.

Mira muñeca mía cómo te quiero y
cómo voy a cuidarte! No tengas miedo!
Nunca voy a soltarte
y la muñeca sonrió.

Mira muñeca mía cómo te quiero y
cómo voy a cuidarte! No tengas miedo!
Nunca voy a soltarte
y la muñeca sonrió.

Esa misma noche por el puerto las estrellas les acompañaron.
Iban paseando muy felices y juntitos por el muelle mayor
él se fue a buscarle la única flor
y ella tan coqueta en el agua se miró.

Rota al caer en agua
esa muñeca que trataba sólo de flotar,
ya no recuerda que el soldado la quiso salvar.
Ella no supo agarrarse a ninguna parte…
Y ahí rota se quedó…

Rota al caer en agua
esa muñeca que trataba sólo de flotar,
ya no recuerda que el soldado la quiso salvar.
Ella no supo agarrarse a ninguna parte…
Y ahí rota se quedó…

16 Noviembre 2007

(Escribo este post en catalán porque 1ª: el cuento está en catalán; 2ª: no me apetece traducirlo; 3ª: me parece más bonito así... bueno, que está en catalán, perdón por aquellos que no lo entiendan, pero bueno, tampoco es un asunto de vital importancia ;) )

Això es un conte que la profe de valencià ens va donar... L'autor ha reescrit alguns contes infantils com aquest de la Caputxeta Vermella amb l'intenció de que siguin políticament correctes (que no hi hagi cap idea o comentari sexista, racista, masclista, o mínimament discriminatori)... El vaig llegir en veu alta a classe.. i me pixava XD

"Vet aquí que una vegada hi havia una persona jove que es deia Caputxa Vermella i que vivia amb sa mare a la vora d'un gran bosc. Un bon dia sa mare li va demanar que portés un cistell de fruita fresca i aigua mineral a l'àvia - no perquè això fos feina de dones, de cap manera, no, sinò perquè era una obra generosa que contribuïa a crear un sentiment solidari. A més, l'àvia no estava malalta; ben al contrari: estava en plena forma física i mental i era perfectament capaç de tenir cura d'ella mateixa en tant que persona adulta madura.

Així dons, la Caputxa Vermella es va endinsar al bosc amb el cistell. Molta gent es pensava que el bosc era un lloc esporuguidor i perillós, i mai s'hi acostaven. Però la Caputxa Vermella se sentia tan segura de la seva pròpia i incipient sexualitat que aquesta imatgeria freudiana tan òbvia no la intimidava gens.

De camí cap a ca l'àvia se li va acostar un llop que li va preguntar què duia al cistell. Ella li va contestar:

- Una mica de berenar saludable per a l'àvia, que és perfectament capaç de tenir cura d'ella mateixa en tant que persona adulta madura.

- Saps, maca? -li va dir el llop-. Per a una noieta no és gaire segur caminar per aquest bosc tota sola.

- Trobo molt ofensiu aquest comentari teu, profundament sexista -li va dir la Caputxa Vermella -, però l'ignoraré perquè la teva tradicional condició de marginat social t'ha dut a enfrontar-te al món d'una manera pròpia; i del tot vàlida, evidentment. Ara, si em permets, he de prosseguir el meu camí.

La Caputxa Vermella va continuar pel camí ample, però el llop -a qui la seva condició de marginat social l'havia alliberat de l'obediència esclava a les normes del pensament ortodox i occidental- sabia una drecera per arribar abans a ca l'àvia. Hi va irrompre sense contemplacions i es va menjar a l'àvia, una acció del tot comprensible venint d'un carnívor com ell. Llavors, com que no estava sotmés a les nocions rígides i tradicionals del que és masculí o femení, es va posar la camisa de dormir de l'àvia i es va ficar al llit.

La Caputxa Vermella va entrar a la caseta i va dir:

- Àvia, et porto berenar sense greixos i sense sal, i voldria que l'acceptessis com un homenatge al teu paper de matriarca sàvia i nodridora.

Des del llit, el llop va dir amb veu fluixa:

- Vine més a prop, nena, que pugui veure't.

La Caputxa Vermella va dir:

- Ah, no me'n recordava que, a nivell òptic, ets deficient com una ratapinyada. Àvia, quins ulls tan grossos que tens!

- És que ha vist molt i han perdonat molt, filleta.

- Àvia, quin nas tan gros que tens... Relativament, és clar i sens dubte atractiu, a la seva manera.

- És que ha flairat molt i ha perdonat molt, filleta.

- Ávia, quines dents tan grossens que tens!

- Estic molt content de ser <<qui>> sóc i <<com>> sóc - va dir el llop, i va saltar del llit. Va agafarla Caputxa Vermella amb les urpes, decidit a devorar-la. La Caputxa Vermella va xisclar, alarmada no pas per l'evident tendència transvestista del llop, sinó per aquella voluntària invasió del seu espai temporal.

Els xiscles, els va sentir un company llenyataire que hi passava (ell, s'estimava més que li diguessin<<company tècnic en carburant forestal>>). Va entrar corrents ala caseta, va veure l'avalot i va intentar intervenir-hi. Mentre aixecava la destral,però, la Caputxa Vermella i el llop es van aturar en sec.

- Escolta,noi! Què t'has cregut? -li va preguntar la Caputxa Vermella.

El company llenyataire va parpellejar i va intentar respondre, però no li sortien les paraules.

- Entres aquí com un individud'una civilització primitiva, deixant que l'arma pensi per tu! -va exclamar la Caputxa Vermella-. Sexista! Discriminador d'espècies animals! Què et fa suposar que les persones femenines i els llops nopoden resoldre els seus problemes sense l'ajut d'una persona masculina?

Quan va sentir el discurs apassionat de la CaputxaVermella, l'àvia va saltar de dins de la boca del llop, va agafar la destral del company llenyataire i li va tallar el coll. Després d'aquesta experiència traumàtica, la Caputxa Vermella, l''àvia i el llop van sentir un profund sentiment solidari. Van decidir crear una comunitat alternativa, basada en el respecte mutu i la cooperació, i van viure feliços i van menjar anissos sense colorants ni conservants."

James Finn Garner
"Contes per a nens i nenes políticament correctes"

Bé, i ara una cançó (en català, com no ;P): "Balla"de Sopa de Cabra. És divendres, arriba el cap de setmana i, sigues com sigues, aprofita, pàssat-ho bé, dèixa't endur i balla ^^

9 Septiembre 2007

Añoro esa noche durmiendo a tu lado. Añoro sentir tu respiración lenta en mi nuca. Sueño, tranquila, con ver de nuevo tu cuerpo relajado y sentir tu piel cálida rozando la mía. Cada noche deseo y pienso que estás a mi lado. Que si estoy preocupada, escuchar tu voz en mi oído me serena; que si estoy triste un abrazo tuyo me consuela; que si tengo miedo me besas suavemente el pelo y el cuello y me tranquilizas… Te echo de menos cada noche, en la que siempre imagino que tan sólo que darme la vuelta para tenerte dormido a mi lado, dulce, tierno, a tan solo un beso de distancia.
2-8-2007

... Y sin embargo duermo sola...

Estado de ánimo actual: romántico-melancólico

Ahora suena: Comptine d'un autre ete (BSO Amelie)

11 Agosto 2007

Un cuento

11 ago 07 Autor: lunalunera En: Reflexiones

Imagina que vuelves a ser pequeña, y que al final de un día cualquiera de invierno, cuando llegas cansada a tu cuarto y te metes entre las mantas calentitas, llega una persona a la que quieres y se sienta a tu lado. Tiene un libro de cuentos y empieza a leerlo sólo para ti. Con los ojos cerrados, sientes su mano acariciando tu pelo, oyes el frufrú de las páginas al pasarse con movimientos suaves, como caricias, mientras te duermes escuchando los susurros de una voz dulce, tierna y querida que te cuenta historias de magia, de aventuras, de príncipes y princesas, de amor y de inocencia...

Estoy leyendo cuentos, reflexiones y narraciones en una web que he encontrado por casualidad "www4.loscuentos.net", y me tienen enganchadísima.

Me encanta la fantasía, la sencillez, el romanticismo, a veces ese aire infantil... de los cuentos. Te transportan a vidas donde tus problemas desaparecen, donde la magia de la inocencia es real, donde puedes soñar con mundos, personajes y situaciones que escapan a la realidad... Creo que esas son las palabras clave: sueños, inocencia... quizá melancolía por tiempos en los que creíamos en esas historias que ahora muchos rechazan por ser simples "bobadas". Pues para mí no son bobadas, es maravilloso leer textos en los cuales los personajes no son malos, donde no tienen por qué hacerse daño los unos a los otros en beneficio propio, donde sueñan con la magia, el amor, el cariño, la ternura... Vale, sí, la palabra clave es Inocencia, y me encanta creer en ella, me encanta leer cuentos.

.... uis, estoy un poco rara ahora, se me pasará, no os preocupéis ;p Pero sí es verdad que me encanta leer cuentos e historias,y he intentado escribir lo que significan para mí, aunque me parece que no he podido explicarlo bien... (tendré que escribir más, estoy oxidada!)

PD: el primer párrafo lo he escrito justo antes que esto, si entendéis la ternura con la que miro los libros y los cuentos, me habréis entendido...

Aquí os dejo el primer cuento que he leido en la web. Sin duda habrá de mejores como habrá de mucho peores, pero este me ha encandilado:

"Había una vez una princesa diferente a las otras princesas de los cuentos famosos. Esta princesa no sabía bordar, cocer, cocinar ,lavar,tejer o planchar.
Era una princesa que tampoco sabía cantar. Bueno, le ponía empeño, pero desafinaba y todos en el palacio preferían verla silenciosa. Cualidad que tampoco tenía la infeliz princesa, porque era habladora compulsiva y hasta hablaba sola la pobrecilla. Sí, la dejaban hablando sola por ahí, porque les resultaba aburrida su charla sin gracia. Ella hablaba de todo y de nada a la vez.
Sobre su belleza, diría que era una princesa ni tan fea, ni tan bonita. Ni tan gorda, ni tan flaca. Ni tan alta, ni tan baja. De pelo semi ondulado color castaño. De ojos color tiempo y nariz con olfato privilegiado. Sí, además, poseía un oido muy agudo. Por eso se enteraba sin querer de todos los chismes de palacio. Aunque no los andaba chismeando por ahí con nadie, siempre sabía lo que estaba ocurriendo o lo que iba a pasar al día siguiente. Extraña cualidad en una princesa algo común y corriente, demasiado simple para ser princesa.
Bueno, y como todas las princesas deben tener un príncipe azul, su padre el rey decidió que ya era hora de buscarle un esposo a la princesa.
La reina dijo algo preocupada:
- ¿Pero quién deseará casarse con una mujer tan extraña como nuestra hija?
Sí, porque la princesa era en verdad extraña. Hablaba sola, no sabía hacer nada de nada. En verdad, se pasaba el día entero suspirando y escribiendo versos que nadie leía. Hablaba además con las flores y los pajarillos. A veces, también cantaba junto al viento una canción desafinada. Deshojaba manzanillones Y reía por cualquier cosa invisible que solo ella veía.
El rey daría una fiesta en honor a la princesa, estaba seguro que algún príncipe vendría y pediría la mano de su hija tan adorable para él. Adorable en verdad, encantadora además para algunos que la conocían más allá de su torpeza o su presunta pereza.
Porque Adelaida (ese era el nombre de la princesa) solía levantarse aun antes de salir el Sol, caminaba hasta el riachuelo y allí tomaba su baño cantando con los pajarillos y riendo como una niña. Luego, caminaba descalza hasta el pueblo llevando leche fresca para la viuda más desvalida, aquella pobre mujer que tenía siete hijos que alimentar. Nadie lo sabía y ella no consideraba necesario publicarlo. Lo cierto es que la viuda cada amanecer encontraba la jarra de leche para sus hijos y un ramo de hermosas flores que ella vendía a buen precio en la feria del lugar.
Fue en uno de esos viajes que se cruzó en su camino aquel muchacho de aspecto descuidado que cazaba liebres. Ella le preguntó qué cosa haría con tan abundante caza y ofreció de buena gana sus aretes de perlas finas a cambio de siete liebres. El muchacho se las dió y recibió los aretes. Ella regresó rapidamente al pueblo y dejó junto a la jarra de leche y las flores las gordas liebres.
El muchacho la observaba a buen resguardo y le pareció un gestó noble el de la jovencita, que regresaba agradeciendo al buen Dios tanta fortuna.
El día de la fiesta, todo el palacio irradiaba luminosidad y música. A la princesa no le agradaban mucho los bailes de palacio, era torpe bailando y prefería andar descalza que soportar aquellos tacones y ropajes lujosos. Pero más dificil era para ella llevar los cabellos atados en peinados llenos de cintas y joyas. Prefería el cabello suelto al viento. Eso fue precisamente lo que hizo, desató sus cabellos y los adornó con sencillas flores del jardín.
Su padre estaba complacido de que algunos príncipes estuvieran presentes en el salón. Estaba el príncipe del desierto, aquel que poseía los caballos más veloces de la tierra. El príncipe de los mares, que poseía los mejores navíos de guerra y comercio de la tierra. El príncipe de las minas, el que poseía las mayores riquezas y joyas preciosas en toda la tierra.
Y estaba por ahí presente un joven príncipe desconocido para el rey. De él, sus secretarios informaron que poseía extensas propiedades de terrenos en donde abundaban la caza, la pesca y el ganado, además de extensos cultivos frutícolas y agrícolas vecinos a su reino. Aunque lucía demasiado tímido y falto de la gallardía propia de un príncipe vecino al reino. .
La princesa estaba sentada en el jardín hablando con la Luna y las estrellas, cuando el muchacho al cual le compró las liebres la saludó.
-Por fin alguien del mundo real.-sonrió la princesa.
Y el pobre muchacho quedó prendado de tan hermosa sonrisa.
Los días pasaron y ningún príncipe se interesó en ofrecer matrimonio a la princesa. Algunos dijeron que ella no era ninguna belleza. Y esto fue comentado en palacio y en todo el reino.
- ¡pobre princesa! - suspiraban sus padres.
-¡Pobre princesita fea! - suspiraban los habitantes del reino. - Morirá solterona y sola.- rumoreaban.
Mas el príncipe de las tierras sí la pidió en matrimonio a finales de invierno.
A la princesa le pareció bien obedecer a su padre y aceptó contraer matrimonio con aquel desconocido príncipe.
Fue así como el primer día de primavera la princesa recibió los siguientes regalos de parte de su prometido: una jarra de leche, un ramo de rosas y siete gordas liebres, además de un pequeño cofrecillo con sus aretes de perla blanca.
Por supuesto que fueron felices comiendo perdices.
Además los dos juntos iban y venían cada amanecer con dos jarras de leche y abundante alimento para la viuda y sus hijos.
Porque la princesa no era fea ni bonita, ni gorda ni flaca, algo torpe para ciertos trabajos, hablaba sola a menudo... Pero el príncipe aquel vió lo que no se ve fácilmente a simple vista: un buen corazón, lo cual embellece y resplandece más que toda cualidad o belleza fisica.
Y fueron muy felices comiendo perdices ..."

Sobre LunaLunera

Tengo 17 años, soy de Castellón, soy una chica alegre, sociable, extrovertida (bueno,extrovertida según con quién y sobre qué temas ;P), me gusta leer, los animales (mi cobayita lindaaaa, Venus! ^^), dibujar, ir al cine (sobretodo películas de "sang i fetge" en plan Saw, o absurdas como las de los Monty Phyton, o de amor como Moulin Rouge, ilusión como en Amelie, concienciación social como La Vida Es Bella...), hacer malabares (me encantaaaaan, sobretodo las cariocas, les tengo un amor XD), viciarme al Stepmania (y no cinco minutos precisamente... XD XD), las series de manga y anime (Death Note, Fullmetal Alchemist, Chobits, Naruto...)... Aunque como no se me da muy bien describirme, igual soy una psicópata neurótica aislada del mundo y de la sociedad, nunca se sabe....mmm, interesante... XD XD XD